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Así suena un Púlsar

Navegando por Internet me he encontrado con esta joya en Youtube, en el canal de IDNMitigationsAPIs.

Se trata del “sonido” producido por un Púlsar o Estrella de Neutrones en rotación.

Este púlsar se encuentra cerca del centro de la remanente de Supernova Vela, que son los restos de la explosión de una estrella masiva hace unos 10.000 años. En este caso la Estrella de Neutrones de unos 10 Km de diámetro gira con un período de 89 milisegundos, es decir cerca de 11 veces por segundo. Imaginaos lo que tiene que ser estar en su superficie.

 Os dejo una preciosa imagen de dicha Supernova

 

El descubrimiento de los Púlsares (Parte 1) – Radiocentelleo

     La historia del descubrimiento de los púlsares en 1964 es un clásico entre los abundantes relatos científicos de inspiración y pura y simple suerte. Los púlsares conectaron el mundo práctico del observador radioastrónomo con el del físico teórico, que durante años habían estado hablando sobre unos objetos misteriosos llamados estrellas de neutrones. Pero además, tras las investigaciones de los radioastrónomos de cómo se producían los pulsos y cómo emitían ondas de radio, hicieron inteligible la desconcertante expansión y aceleración de la nebulosa del Cangrejo.

Nebulosa del Cangrejo

     El descubrimiento tubo además el interés casi dramático de parecer, por algún tiempo, prueba de la existencia de vida extraterrestre; aunque cuando se publicó la noticia relativa al hallazgo del primer púlsar, sus descubridores ya estaban completamente seguros de que las señales no eran producidas artificialmente.

  RADIOCENTELLEO

    Hasta el instrumento con que se descubrieron los púlsares representa una curiosidad por sí mismo. Mientras que en la mayor parte de radiotelescopios se mide su tamaño en pies, metros o incluso kilómetros, ése tiene un nombre espléndidamente arcaico, el cual hace las delicias de los astrónomos no ingleses que no están familiarizados con esta unidad de superficie: se trata del telescopio  de Cuatro Acres y Medio, de Cambridge, en el Reino Unido.

    Fue creado con una finalidad que no tiene nada que ver con las regiones del espacio donde se hallan los púlsares: captar esas enigmáticas radiofuentes que se conocen como cuásares, por medio de su centelleo o parpadeo.

Ilustración de un Cuasar

    Todo astrónomo aficionado sabe que se puede distinguir fácilmente una estrella de un planeta, porque la estrella al ser un punto de luz, suele parpadear. El parpadeo se debe a la inestabilidad de la atmósfera, que lanza una y otra vez contra la pupila un fino rayo de luz procedente de este punto que es la estrella. En cambio, un planeta parpadea mucho menos, o nada en absoluto, porque presenta forma de disco, aunque pueda parecer del mismo tamaño que la estrella.

    Algo similar ocurre con las radiofuentes, aunque los especialistas en ellas usan el nombre de centelleo en vez de parpadeo. El medio que causa la perturbación es sutil gas ionizado, llamado plasma, que no solo se encuentra en la atmósfera terrestre, sino también más afuera del sistema solar, entre los planetas.

     Para Antony Hewish y su equipo, que fueron los primeros en captar, en 1964, el centelleo interplanetario de radiofuentes puntuales, lo importante de este acontecimiento era que permitía percibir los diminutos y distantes cuásares (radiofuentes casi estelares) diferenciándolas de fuentes más cercanas y aparentemente mayores.

   Al fin de obtener la sensibilidad necesaria para distinguir las rápidas fluctuaciones de la señal, Hewish necesitaba un telescopio con amplia zona de captación. Logró esto simplemente colocando postes con alambres en una extensión de cuatro acres y medio. Tal instalación era capaz de recoger señales débiles, pero no de distinguir las direcciones de procedencia como una antena de plato. Por entonces el nuevo telescopio estaba ya listo para empezar a registrar y se la asignó la exploración de una amplia zona del cielo en una semana. El equipo que se había construido para acentuar el centelleo más que para apagarlo, como era lo usual, podía reaccionar en tan breve espacio como una décima de segundo a las fluctuaciones en el brillo de una radiofuente. Hewish quería que todas las radiofuentes  que se hallasen fuesen señaladas en un mapa del cielo, para que las interferencias de origen humano se distinguieran de las verdaderas radiofuentes extraterrestres cuyo centelleo se diera en las mismas coordenadas. La persona a la que le encomendó el trabajo de analizar los datos que suministraba el aparato fue Jocelyn Bell, una estudiante de postgrado.